Desempleo en México, el
fin de las cuentas alegres

 

17 de mayo de 2010. La tasa de desocupación de 5.3% reportada por el INEGI para el primer trimestre de 2010 refleja una realidad del mercado laboral que dista de las cifras dadas a conocer por las autoridades económicas y laborales del país en el sentido de que la incipiente recuperación ha llegado a las familias de México. La tasa de desocupación del primer trimestre es la más alta de los últimos diez años para este periodo de tiempo y también similar a la del cuarto trimestre de 2009, por lo que se puede establecer que los problemas laborales persisten en la economía.

De acuerdo con el doctor José Luis de la Cruz Gallegos, director del Centro de Investigación en Economía y Negocios, del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México, no solamente debe repararse en que la tasa de desocupación citada es superior a la contabilizada en el mismo periodo de 2009 (5.1%), también es necesario observar que la mayor parte de los indicadores permiten afirmar que el empleo existente enfrenta condiciones más precarias que antes de la crisis.

Si bien existió un aumento de 718 mil personas ocupadas en el economía, ello no necesariamente les garantiza un mejor ingreso y las prestaciones que por ley les corresponden. Del reporte proporcionado por el INEGI puede desprenderse que conforme lo esperado la población ocupada en la economía informal creció a un ritmo superior que la asociada al sector formal contabilizada por el IMSS: 364 mil personas contra 290 mil. En otras palabras es evidente que el sector productivo formal es insuficiente para dar alivio a las necesidades de empleo que existen en México.

En segunda instancia puede observarse que la crisis acentuó la merma en los ingresos que perciben los trabajadores, ya que si bien la gente que tiene percepciones no salariales no se elevó, en el caso de quienes no reciben ingresos y aquellos que debieron aceptar salarios menores al mínimo o cuando mucho iguales a dos salarios mínimos sí tuvieron un alza significativa: más de 930 mil en únicamente un año.

De aquí se desprende que indudablemente la población nacional en pobreza ha aumentado, y que si el sector público no actúa eficientemente con sus programas de atención social el problema se exacerbará provocando un nuevo retroceso en el desarrollo de la nación. En este sentido debe realizarse una reflexión adicional: si el mercado laboral no está solucionando el problema de pobreza ¿lo podrá hacer el gobierno con una política social que reclama recursos financieros crecientes simplemente por el hecho de que hay más pobres? ¿Qué implicación tendrá esto en materia de impuestos, sobre todo si la economía no logra crecer a tasas superiores al 5%?

Un tercer aspecto a resaltar es el hecho de que los trabajadores sin acceso a los sistemas de salud (28 millones) o que no tienen prestaciones distintas a las de salud (11.2 millones) también aumentaron. Sin lugar a dudas esto se desprende del hecho de que el empleo informal ocupa a una proporción mayor de personas, pero también a que los vínculos laborales entre las empresas formales y los trabajadores se están debilitando.

Cuando se toma en cuenta que casi 14 millones de personas no tienen un contrato por escrito con su empleador (106 mil más que en el año previo), que casi tres millones laboran menos de 15 horas, o que 8.2 millones lo hacen entre 15 y 34 horas, no es de sorprender que entonces este grupo de trabajadores no cuente con las prestaciones que por ley le corresponden. El problema en este punto es que la tendencia negativa es evidente: entre el primer trimestre de 2009 y el correspondiente de 2010, 870 mil trabajadores se sumaron a esta situación.

Como resultado se tienen las cifras asociadas a la subocupación, las cuales reflejan la creciente necesidad que tienen los mexicanos de buscar nuevas fuentes de ingreso al desempeñar dos o más trabajos. Con los 651 mil personas que adicionalmente se encontraron en esta situación, durante el primer trimestre de 2010 se alcanzó la cifra de cuatro millones, en donde el problema es tanto la tendencia creciente como el hecho de que en la variación del último año no existió una diferenciación por nivel de preparación académica, es decir prácticamente no importó si la gente tenía estudios universitarios o de media superior, su incremento en la subocupación fue mayor al que tuvo el grupo de trabajadores que no terminaron la primaria.

Derivado de lo anterior es el hecho de que el valor agregado de la economía no pueda elevarse al dejar fuera del mercado laboral a la parte de la población que cuenta con la mayor preparación académica. En este sentido vale la pena preguntarse sobre cómo se saldrá de un círculo vicioso en donde el mercado laboral no genera los incentivos para que la gente vea a la educación como un factor de movilidad social que le procure la posibilidad de alcanzar un mayor bienestar.

Bajo el contexto descrito parece claro que el llamado de algunos empresarios a generar empleos de calidad es totalmente oportuno, ya que solo mediante un incremento en las remuneraciones y prestaciones se podrá alcanzar el desarrollo del mercado interno, lo cual es fundamental para hacer funcionar el motor de la economía que durante los últimos 30 años se ha venido deteriorando y sin el cual es imposible alcanzar un desarrollo sustentable, concluye José Luis de la Cruz.

 

 

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Fuente: Saber Cuenta

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