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¡Están a punto de despedirte! |
| Foto: Jose Rivera |
Si a veces te has sentido amenazado en el trabajo pensando que, por la razón que sea, te van a despedir, aquí tienes una lista de señales que pueden sugerirte que ésa es una posibilidad real:
Si cada año recibes un bono y, esa gratificación se reduce o desaparece, ve ampliando horizontes. Es el síndrome del bono perdido. La primera señal de que te van a despedir es que te quitan el bono. Es una forma de decirte que te vayas buscando otro puesto. Si hay un alza general de salarios y te excluyen o cuando te retiran beneficios que ya disfrutabas, hay que pensar que algo va mal.
Cuando aparecen problemas como una disminución de utilidades o la llegada de competidores poderosos o nuevas tecnologías que amenazan la continuidad del puesto, hemos de plantearnos un eventual cambio.
Si trabajas en un departamento que se subcontrata cada vez más, como el de seguridad o el de informática, hay que contar siempre con esa posibilidad.
La empresa está en un proceso de fusión o de compra, o si tu puesto se duplica con otro, cada uno sabe quien está mejor posicionado y quién se va a quedar fuera.
Tus compañeros de trabajo reciben aumentos de sueldo pero tu no. Quienes le caen bien a sus superiores y subalternos rara vez son despedidos. Los vínculos afectivos hacen que la empresa no prescinda de las personas, que forman parte de su cultura. La mala relación con el jefe y la escasa popularidad en la empresa son un riesgo que incrementa claramente la posibilidad de despido.
Con frecuencia tu jefe critica excesivamente tu trabajo. De vez en cuando te llegan memorándums negativos acerca de tu labor. Analiza si tienes la jornada ocupada o si, por el contrario, observas tranquilamente los rostros agobiados de tus compañeros. Ninguna empresa puede permitirse gente que no trabaje al 100%.
Ganas más que otras personas que hacen el mismo trabajo. Si tu puesto está remunerado por encima del mercado, el riesgo se duplica, aunque lo contrario tampoco garantiza que estés a salvo. Un salario bajo o estable puede deberse a que el puesto no es indispensable.
Ya no te dan, como antes, proyectos especiales. Detalles como la sospechosa disminución del número de reuniones en las que se participa, los proyectos que diriges, los mensajes electrónicos que recibes o las consultas que se acumulan sobre la mesa pueden dar una idea de la tormenta que se avecina. Es la idea de sentirse relegado, de contar cada vez con menos responsabilidades.
Un empleado de la administración te ha estado preguntando sobre lo que haces, cómo lo haces y el tiempo que empleas.
Parece que los demás te piden tu opinión con menos frecuencia. Si has cometido un error importante y nadie habla de ello es aconsejable pensar en lo peor, del mismo modo que si recibes una evaluación negativa o si no la recibes en absoluto. Las empresas tiene unos sistemas de valoración que pueden dar una idea de cuál es nuestra posición frente a un eventual despido.
Tener más de 45 años (en caso de una reestructuración, por ejemplo) o notar cómo de pronto los compañeros se muestran distantes son otras señales a tener en cuenta. Los compañeros suelen saber lo que ocurre antes que el interesado. Se sentirán incómodos y nos evitarán. Es la soledad del perdedor.
Entra un nuevo empleado con una función parecida a la tuya y te piden que lo entrenes.
Si éste es tu caso, puedes tratar de combatir el inminente despido prestando más atención a tu trabajo y a tu apariencia personal, prestándote de voluntario para proyectos especiales y asegurándote de que tu jefe está al tanto de tus logros. Si nada de esto funciona, ve buscando los anuncios clasificados en el periódico.








