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De qué están hechos los triunfadores |
| Foto: Ulrik De Wachter |
Hace algunos años el Instituto de Investigaciones de la Universidad de Stanford, en California, llevó a cabo un estudio entre personas que habían tenido éxito en la vida, y los resultados se reflejaron en el libro “Por qué ganan los triunfadores”, de Art Garner.
El primer descubrimiento es que la educación, las habilidades técnicas o el conocimiento que la persona haya adquirido, representan sólo el 12% del éxito. El segundo hallazgo, paralelo al primero, es que el resto o sea, el 88% de los factores de triunfo corresponden a la habilidad de la persona para desenvolverse en situaciones interpersonales, en otras palabras, en su habilidad para tratar con quienes las rodean, que consiste en desarrollar:
- Actitud positiva;
- Sentido de cooperación,
- Entusiasmo;
- Capacidad de involucrarse.
El talento abunda mucho más de lo que nos imaginamos. Las universidades están llenas, por ejemplo, de jugadores excelentes de todos los deportes que nunca llegan a pertenecer a las “grandes ligas”. Si miramos a nuestro alrededor, ¿qué vemos? Actrices sin contrato, maestros sin aulas, estudiantes que no consiguen ser admitidos en la universidad de su agrado...
Así que no es difícil conseguir talento, puesto que lo vemos por todas partes, aunque no haya podido desarrollarse.
La educación hoy en día, en la mayoría de los países es más barata y accesible que lo fuera antes. En muchos lugares, cualquier persona que se lo proponga puede obtener una instrucción adecuada para sí y para sus hijos. En muchas universidades hay sistemas de becas, préstamos, combinaciones para que el mismo estudiante se pague sus estudios trabajando y otros tipos de facilidades. O sea, que como el talento, la educación tampoco es una cosa extraña o inaccesible.
En cuanto a los conocimientos científicos y técnicos... el saber humano se duplicó por primera vez en 1750, y por segunda vez en 1900. Por tercera vez en 1950 y por cuarta vez en 1960. A partir de entonces, el término es de tan sólo 5 años, al cabo de los cuales se sabe el doble de lo que se sabía anteriormente.
Traducido en términos de relaciones humanas: más de la mitad de las ocupaciones a las que puede dedicarse un joven hoy en día no existían en tiempo de sus padres. Por tanto, los padres no podrían ayudar a triunfar a sus hijos, puesto que ignoran las condiciones del campo del saber o del medio profesional en que éstos se desenvuelven. Y la otra conclusión es que no hay ningún ser humano que pueda asimilar todo lo que se sabe actualmente en todas las disciplinas.
En opinión de Art Garner, sin embargo, el descubrimiento más importante se refiere a la propia humanidad. “El gran descubrimiento de la humanidad”, dice, “es que cada ser humano puede cambiar su vida, cambiando sus actitudes mentales”. Cada persona, si asume una actitud de triunfo, puede en efecto convertirse en una triunfadora. Para explicar mejor lo que quiere decir, recuerda este cuento popular:
“Un hombre muy rico tenía dos hijos; y en una Navidad queriendo poner a prueba el carácter de cada uno de los muchachos, preparó dos montañas: una de regalos bellamente envueltos y otra de paja. Cuando llegaron los hijos, el que recibió los regalos comenzó a desenvolverlos, y a todos les iba poniendo un defecto. Unos eran muy grandes, otros del color equivocado, etc. El que recibió la montaña de paja comenzó a aventarla con un tridente y hacerla gavillas, mientras cantaba a todo lo que daban sus pulmones.
Queriendo cerciorarse de la actitud de este hijo, el padre le preguntó por qué estaba tan contento con sólo una montaña de paja.
Padre, por que pienso que si usted ha mandado traer tanta paja, por aquí debe andar un pony, que será mi regalo”.
Claro que las cualidades tradicionales con sus nombres de siempre o con denominaciones nuevas, también cuentan. La persona que triunfa suele poner inventiva para hallar soluciones rápidas y originales frente a posibles obstáculos a superar.
Suele poseer perseverancia y no dejarse vencer por el primer contratiempo (De hecho, los triunfadores analizan sus fracasos, para aprender cómo deben enfrentar esas situaciones la próxima vez). Y también antaño como ahora, los triunfadores son personas que trabajan sin cesar para obtener lo que se proponen. Son optimistas natos (aunque también el optimismo puede cultivarse) que ven el lado positivo de las cosas... y de las personas.
Una de las necesidades primordiales del ser humano es saber que agrada, que gusta, que obtiene la aprobación de los demás. Y en presencia de estos optimistas triunfadores, que destacan sólo los aspectos positivos de nuestras personas... todos nos sentimos halagados. Por esto no tiene nada de raro que todos busquen la compañía del triunfador. No solo por la razón superficial de la fama que suele acompañar al triunfo, sino porque, como se ha descubierto, al lado de un optimista todos nos sentimos mejor.
Pero el gran descubrimiento ha consistido en sabe que lo que realmente cuenta en el triunfo es la actitud triunfante; la fe ciega en que podemos lograr lo que pretendemos. Porque, como decía el campesino de otro cuento famoso: “Lo conseguiremos, si Dios quiere... y yo también”.
Cómo es el triunfador.
- El triunfador es, esencialmente una persona que mantiene una actitud de triunfo. Serlo depende de la actitud que asuma, que tiene que ser positiva y abierta hacia los demás.
- El triunfador posee fe. Aunque los resultados no estén a la vista, o próximos, él cree en su triunfo.
- El triunfador no se detiene ante los obstáculos. Mas bien, éstos le sirven de escalones en su marcha decidida hacia un propósito fijo.
- El triunfador sabe que el verdadero camino hacia el éxito está siempre en vías de construcción.
- El triunfador está contento consigo mismo y sus talentos. Comprende que puede mejorarse mucho, pero no hay nada acerca de él mismo que le disguste profundamente.
- El triunfador no se pone a rumiar sus fracasos. Los estudia para aprender; utiliza lo que es aprovechable y olvida el resto.
- El triunfador, por tanto, considera que cada fracaso es una oportunidad magnífica de aprender, y la utiliza para ejercitarse espiritualmente.
- El triunfador se levanta cada mañana “afinado” en una cuerda de triunfo, porque sabe que esa actitud temprana será decisiva para el resto del día.
- El triunfador siempre tiene presente mentalmente lo que desea que suceda.
- El triunfador se conoce a sí mismo. Sabe qué está dispuesto a dar a cambio de lo que desea obtener.
- El triunfador evita criticar y condenar a los demás o quejarse de algo.
- El triunfador sabe conversar y sobre todo, sabe escuchar a los demás.
- El triunfador jamás trata de rebajar a los otros, aunque sean petulantes, porque sabe que el ser humano siente una gran necesidad de gustar a los demás, y él acepta que así sea.
- El triunfador trata como iguales a las personas por debajo de sus medios o posición social.
- El triunfador ayuda a triunfar a las personas a su alrededor.
- El triunfador cree firmemente que todos los seres humanos poseen algo bueno y sabe encontrarlo en cada persona.
- El triunfador, consciente o inconscientemente, se asocia con personas de pensamiento positivo.
- El triunfador cree que con una actitud positiva, la más odiosa de las tareas puede volverse entretenida.
- El triunfador siempre tiene presente que sólo podemos causar una primera impresión en los demás.
- El triunfador cree que una sonrisa es tan poderosa... que hasta puede derretir un témpano de hielo.
- El triunfador es paciente, porque sabe que los cambios en la forma de pensar y de actuar de las personas requieren tiempo.
- El triunfador cree que, junto con la paciencia, las virtudes mayores son: saber planear los propios destinos, perseverar en lo que se haya escogido, y saber obtener y dar cooperación.
- El triunfador comprende que, cuando algo no sale bien, es sencillamente que tiene ha hacerlo de otra manera.
- El triunfador no se rinde con facilidad, usa su inventiva y sigue adelante, hasta que se resuelva la situación.
- El triunfador es el autor de su triunfo, no se sienta a esperar a que las cosas sucedan: las hace suceder.
- El triunfador sabe que el mismo es el único que pude derrotarse, si no persiste.
- El triunfador conoce el camino más seguro hacia el fracaso: la inacción.
- El triunfador comenta que muchas personas no reconocen el triunfo cuando lo ven, porque viene disfrazado de trabajo extenuante.
- El triunfador piensa que aplazar indefinidamente las cosas es la forma más segura de enterrar la oportunidad.
- El triunfador sabe que el único factor de triunfo sobre el cual ejerce control absoluto es ¡él mismo!
- El triunfador practica aquello de que “el entusiasmo es la mejor cura de la apatía que se conoce”.
- El triunfador sabe que el entusiasmo es la fuente de energía que va a mantenerlo en la lucha, y busca emprender proyectos que lo entusiasmen y reunirse con personas entusiastas.
- El triunfador sabe que no sólo el triunfo genera entusiasmo, sino que el entusiasmo genera triunfos.
- El triunfador no tiene que ser el que más dotes posee. Pero sí suele ser el que más dones comparte con los demás.
- El triunfador reconocer que cuando alguien declara que ha fracasado es que, sencillamente, dejó de intentar lo que se proponía.
- El triunfador sabe que el mejor lugar donde buscar y encontrar una mano amiga que la ayude es... el extremo de su propio brazo.
- El triunfador sabe que la felicidad consiste no en cuánto poseemos, sin en el placer que lo que tenemos, mucho o poco, pueda brindarnos o lo que, con lo que tenemos, sabemos disfrutar.
- El triunfador sabe que puede cambiar el mundo que lo rodea.
- El triunfador posee la capacidad de hacer lo que es necesario que se haga, cada vez que sea necesario que se haga, gústele o no le guste lo que tiene que hacer.
- El triunfador cree firmemente que Dios nos hizo triunfadores. Que Dios nos ama hasta el punto de dejarnos triunfar a todos si nos lo proponemos. Porque, en definitiva, ser triunfadores es desarrollar al máximo las facultades que Dios nos otorgó.







