|
Lección de un restaurantero chino
|
|
25 de marzo, 2010.Cerca de casa hay un restaurante chino. Todos tenemos un restaurante chino cerca de casa. Es conveniente. No es que nos apasione la comida china, pero me gusta el pato laqueado.
El restaurante es atendido por una familia, china por supuesto, matrimonio, suegros e hijos. No sirven a domicilio, pues tienen bastante clientela en el restaurante y no tienen personal suficiente como para dejar el restaurante para ir a hacer el reparto. Aunque sí aceptan pedidos por teléfono para recoger en el restaurante y llevar a casa.
Tiene una buena ubicación, servicio personalizado, relación precio-calidad adecuada, perfecto para un presupuesto modesto como el mío.
De vez en cuando refrescan la memoria del vecindario, como diciendo: "recuerda, que estamos aquí", y lo hacen con propaganda que ellos mismos realizan. El volante consiste en una versión mini de la carta y sus menús (vamos, como todos los chinos).
La cuestión es que abrí el buzón y me encontré con un volante. Como estaba cansado, y solo en casa, pensé que sería buena idea disfrutar del magnífico pato Pekín. Así que fui al restaurante.
Cuando llegué estaba cerrado y en remodelación. Entré igualmente porque no sabía si la cocina estaba abierta.
Vi al propietario, que se hace llamar Juan, y es el chino más listo que he conocido, y esta fue mi conversación con él. Un verdadero repaso sobre administración y supervivencia en tiempos de crisis.
-Yo: "Juan, ¿tienes el restaurante cerrado?"
-Juan: "Si, ahora crisis, gente no venir, pocos clientes"
-"Sin embargo, te pones a remodelar"
-"Claro, menos clientes pero todo más barato. Material barato, albañil barato, carpintero barato. Mejor ahora"
-"Pero tienes el restaurante cerrado, ¿por qué mandas publicidad?"
-"Tengo miles de folletos, mi mujer no hace nada aquí, mi hija no hace nada aquí, suegra no hace nada aquí. Mejor fuera, en la calle, no molestar, aprender español y hacer propaganda".
- "Pero hacer esto con el restaurante cerrado es inútil ¿no?
-¿Inútil? No, tu venir aquí ¿no? ¿Te gusta restaurante ahora? Bonito ¿eh? Tu ahora volver con familia.
En épocas como la actual, cuando lo más lógico hubiera sido aplicar la máxima austeridad, despedir a la suegra, o buscar un local más pequeño y con ello más barato, Juan nos da una lección magistral:
Decidió invertir en su negocio, para hacer un producto mejor.
No se olvidó del marketing, es previsor, tenía material promocional sobrante, y administra sus recursos adecuadamente.
No improvisa y además es consciente de que ahora su familia aprenderá español, pues tienen tiempo para hacerlo.
Estos chinos saben latín. Juan no necesita un doctorado, ni un consejo de administración ni un blog, simplemente es previsor y tiene sentido común.
Dicen que en chino mandarín los símbolos que componen la palabra crisis están formados por dos palabras que se pronuncian algo así como "wei ji".
"Wei" significa "peligro" y "Ji" significa "oportunidad", por lo que wei ji para Juan es peligro y oportunidad, juntos, aunque lo entiende también como una situación peligrosa que requiere especial atención.
¿Sobrevivirá su negocio a la crisis?
Fuente: HotelJuice.
.







